Es verdad que la lectura no está en decadencia si se toma desde el punto de vista cuantitativo, gracias al acceso a internet mucha gente está leyendo mucho todos los días. Este blog podría formar parte de la lista de lectura de alguien y así añadirlo a su registro de palabras leídas ya que en este tipo de lectura la página o volumen pierden validez como unidad de medida para el lector.
Igualmente se escribe mucho, tal vez los blogueros serán los dignos sucesores de Pepys como los grandes escritores de diarios ... o tal vez no. Todo mundo escribe correos, mensajes instantáneos y reflexiones en sus redes sociales. Diariamente se añaden miles de millones de palabras nuevas gracias a las multitudes escribientes.
Mi reflexión no me puede llevar entonces a la decadencia de la lectura, ni siquiera a la del libro, si parte de la cantidad. Si hay alguna decadencia en la lectura y escritura es en la calidad, la norma de calidad de lectores y escritores es la establecida por lo que existe en la red y me pregunto cuántos de esos párrafos soportan el escrutinio de la gramática, la ortografía o las reglas de la estética literaria. Me pregunto si podríamos hacer el gran experimento de tener a mil millones de escritores inconexos escribiendo para lograr la gran obra maestra de la literatura universal. La calculadora universal aún está fuera de nuestro alcance pero el escritor universal ya es posible. Pero es probable que esta obra esté limitada por un vocabulario de 2 000 palabras si nuestros mil millones de escritores no conocen más que esos dos millares de palabras y así no veremos ninguna referencia al almuédano de Córdoba en esa gran obra universal.
Creo que me entusiasma hacer arte con una longitud no mayor a 128 letras, después de todo los haikus son pequeñas perlas de pocos versos. Pero el medio sólo ayuda, no crea. Tener un editor de texto sólo es una herramienta mejor que la tablilla de cera: permite escribir más, a menor costo pero no con una mejor calidad. Entonces la frase de Truman Capote acerca de Kerouac se aplica a muchos de nosotros: eso no es escribir, es mecanografiar.
Sigamos escribiendo, usemos los 10 dedos y la productividad será enorme, que la máquina autocomplete, pero no olvidemos que al final toda iluminación o epifanía no es más que la culminación de un proceso muy largo de preparación. Para escribir bien, hay que leer bien. Borges fue uno de los grandes escritores del siglo XX pero también fue un lector notable así que saber qué leyó es casi tan interesante como leer lo que escribió. Al final, no hay escritores analfabetos.
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